Anime y Manga

Por qué no veo anime pirata y usted tampoco debería

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Si usted creció en Bogotá en los 90’s y 2000’s como yo, estoy segura que recuerda cuando la única forma de ver anime era teniendo TV por cable. Locomotion (o Animax, lo que le haya tocado), Cartoon Network, Fox Kids o Magic Kids eran los canales que yo siempre buscaba en la revista mensual de TV Cable para ver qué había nuevo (o cuántas veces iban a repetir Evangelion y Saber Marionette J durante el mes). RCN, Canal A y Caracol también tenían licencias para pasar algunas de las series más populares, aunque esas casi nunca me tocaban porque era de las últimas de la ruta y las pasaban antes de que llegara a mi casa.

Luego, un par de añitos más tarde y cuando ya había conexión de internet banda ancha, empezaron a aparecer los fansubs y las personas que quemaban y vendían las series en CD y DVD. En ese momento, las descargas por torrents o servicios P2P estaban en auge y nadie entendía realmente qué tan ilegal era o qué consecuencias tenía hacer estas cosas. Hasta yo llegué a comprar una que otra serie cuando no las podía ver en la casa de mis amigos y realmente nunca vi a nadie metiéndole misterio a la cosa.

Así pasaron varios años en los que realmente no había otra forma de ver anime. Los canales de siempre dejaron de dar series o, si las daban, no tenían licencias de lo que yo quería ver o tenían sólo algunos capítulos. A eso sumémosle que ya era mi costumbre descargar las series por torrent o MegaUpload y no le echaba mucha cabeza al asunto. Y es que ¿para qué? yo veía las series que quería ver en HD apenas un par de horas después de que las pasaran en Japón. ¿Licencias? ¿Derechos de autor? Tenía 15 años. El único acercamiento que tenía a esos conceptos era cuando me hablaban de plagio en el colegio.

Sin embargo, cuando entré a estudiar producción de audio a la Universidad, se abrió un nuevo mundo alrededor de los conceptos de derechos de autor. Tuve que hacer investigaciones, ver documentales y películas, leer artículos, etc. y empecé a entender que esos términos no sólo aplicaban para los libros o artículos de internet. Sin embargo, no fue sino hasta que tuve que hacer cuentas de cuánto me costaba a mí como productora hacer una canción, el diseño sonoro de un trailer e incluso cuánto tiempo me tomaba hacer algo tan sencillo como editar un spot para radio de 30 segundos, que entendí el error que estaba cometiendo.

Si hacer una canción me podía tomar, en el mejor de los casos, 2 semanas, ¿cuánto podría tomar hacer 1 capítulo de una serie de 22 minutos? ¿Cuántas personas, y cuánto tiempo, necesita una productora como KyoAni o Trigger para trabajar y producir una serie de 12 capítulos? Pues bien, hice mi tarea y encontré números que, realmente, me abrieron los ojos y me sentí hasta mal de todos los años que, literalmente, me había robado el trabajo de tanta gente.

Producir una serie de anime de 13 capítulos cuesta alrededor de 250 millones de yenes (más o menos 2 millones de dólares) o más. Por ejemplo, Shirobako (una serie de anime acerca de una productora de anime), costó USD$4’000.000 por 24 capítulos. Es decir, haciendo acá cuentas alegres, 154 mil dólares por capítulo. ¿Saben cuánto le invierte Nickelodeon a sus producciones? Entre 600 mil y 700 mil dólares por capítulo. A mí me impresiona que los japoneses logren tanto con tan poco presupuesto y eso, porque para nadie es un secreto que la calidad de la animación del anime ha bajado muchísimo en la última década (o me va a decir que la animación de las versiones de transmisión de Dragon Ball Super o Sailor Moon Crystal es una maravilla).

Además, muchas de las empresas no logran recuperar toda la plata invertida. Varias productoras le apuestan a sacar un par de series en el año que la saquen del estadio y les cubran los gastos a las que no les fue tan bien. Por esto vemos constantemente como las productoras le sacan el jugo a más no poder a las series que les va bien (dícese Love Live, Attack on Titan que hasta me los mandaron al colegio, One Piece, Naruto, etc…). No es coincidencia que las expriman hasta que la franquicia ya no dé para más.

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Foto: Shingeki no Kyojin: Chuugakkou (Attack on Titan: En tercero y cuarto de bachillerato)

Pensar que las empresas pueden recuperar toda la plata o hasta tener ganancias sólo con ventas de DVD y Blu-Ray es completamente inviable. Además, con servicios de streaming como Netflix o Spotify, se ha comprobado que los medios digitales son una fuente muy poderosa para el consumo de entretenimiento. Hablando de la industria del anime solamente, en 2014 las ganancias provenientes de streaming digital representaron 40.8 billones de yenes. Un crecimiento de 10% con respecto al año anterior y en 2015 un incremento del 12%, atribuyéndole un crecimiento del 77.8% a las licencias internacionales de acuerdo a The Report on Japanese Animation Industry (que pueden descargar acá en inglés hasta el reporte del 2014 y la información del 2015 salió en japonés pero se resume aquí). Es decir, las ventas internacionales de licencias de anime están tomando tanta fuerza, que la industria está creciendo y a fortaleciéndose gracias a la expansión y el consumo internacional. Por otro lado, los números que deja la mercancía oficial son un cuento distinto en la que también vale la pena invertir. 

Ahora, imagínese si todas las personas que ven anime en fuentes ilegales vieran anime en fuentes legales. La mayoría de las personas en América en general (Latina, Central y Norte) no utilizan servicios de streaming legales por la mera costumbre de ver todo en fuentes clandestinas. Encontré un reporte interesante que muestra cuánto dinero, aproximadamente, podría estar ganando la industria del anime si las personas que ven ilegalmente usaran medios oficiales siempre. Básicamente, en sólo 1 año, la industria pierde entre 5.5 millones y 22 millones de dólares lo necesario para hacer entre 9 y 36 series de anime nuevas al año.

Hay mil y un excusas, pero la verdad es que las personas no usan los medios oficiales para ver series por pura y física pereza (o tacañería). La excusa de “es que no está la serie que quiero ver” cada vez está más lejos de la realidad con la nueva alianza que hicieron Crunchyroll y FUNimation para poder expandir su catálogo de series. Además, Netflix cada vez compra más y más licencias. En este último año agregaron las 3 temporadas de Magi, Nanatsu no Taizai, Kuromukuro, Terror in Resonance, entre otras. Daisuki, otro medio completamente gratuito y legal, también tiene muchos títulos entre los que destaco One Punch Man, Gangsta y Hetalia, que no se conseguían por otros medios legales, al menos de este lado del mundo. Además de los servicios que mencioné, sólo Netflix requiere pago obligatorio para ver su contenido. Crunchyroll, así como Daisuki, es gratis, o se puede optar por pagar Crunchyroll premium por apenas 90.000 COP al año.

Así que creo que ya se nos acabaron las excusas, señores. No seamos tacaños, ni perezosos, ni conformistas. Hay formas de apoyar y dejar de ser piratas. Ayudemos a las productoras y a los artistas que trabajan de sol a sol para traernos las series que tanto queremos ver. A todos nos gusta que nos paguen por nuestro trabajo y les aseguro que a ellos también.

Dejémosle eso de ser piratas a One Piece y a sus próximos 10 años, o quién sabe cuánto más, en emisión.

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